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De lejos no se ve

Sumario

Bartolomé Mitre, la calle.

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Bartolomé Mitre, la calle.

  

  La calle de los turistas. Eso me dijeron. Fui a verla, pasé por el monumento de Roca, y me adentré en ella. Bancos nacionales, pero principalmente bancos extranjeros, artesanías a precio euro, lo local jugándola de pintoresco. Pensé que el nombre lo había indicado alguien que sabía de metáforas históricas.

   Bartolomé Mitre, el hombre.

   El hombre que lo hizo casi todo. Fue militar, político, escritor, traductor, periodista, orador, historiador. Su trayectoria es más que avasallante: ejerció como Gobernador y Presidente, fundó del diario La Nación, escribió La Galería de las Personalidades, fundó la Unión Cívica, fogoneó y comandó la Guerra contra el Paraguay. Fue uno de esos hombres que lo hizo casi todo por un proyecto político que buscaba el progreso creando, en palabras de Jauretche, Europa en América. Por eso a la calle le encaja tan bien el nombre.

 

Por Al Margen

 

      Quizás la manera más rápida de abordar el pensamiento de Mitre, y el de muchos hombres de su época, es recordar que, para ellos, la política argentina era un combate entre civilización y barbarie. Recordar que la civilización, para ellos, llegaba de Europa, de la mano de una minoría ilustrada que vivía en Buenos Aires. Una minoría que apoyaría el derrocamiento de Dorrego, a quien Mitre describe como “el caudillo de las masas desenfrenadas”, utilizando argumentos que se escucharon en todos los golpes militares argentinos: un líder popular y corrupto que genera desequilibrios al gobierno institucional, masas ignorantes que no entienden que les conviene, un grupo de “patriotas” que vienen a devolverle al país la normalidad. Lo local era lo bárbaro, lo que había que eliminar, como a un cáncer, para que el país pudiera progresar y seguir los caminos de la madre Europa. 

   Si bien este pensamiento se hizo acción en muchos frentes, la Guerra contra el Paraguay es un ejemplo de cuan lejos puede llegar. Mitre, como Presidente, aliado con los intereses europeos, principalmente británicos, declara la guerra al Paraguay afirmando que Paraguay invadió territorio argentino y que había que luchar contra el dictador de Solano López. Pero como en todas las guerras, lo que priman son intereses políticos y económicos. El Paraguay, antes de la guerra, era un ejemplo para muchos pueblos oprimidos. Había derrotado al analfabetismo y desarrollado una economía independiente, controlada por el estado y con un comercio proteccionista. Fue el primer país de la región con ferrocarriles, con tendido de líneas telegráficas y hornos de fundiciones. El horror parece haber sido que Paraguay logró todo esto sin contraer deuda externa. Un mal ejemplo, según los intereses británicos y sus aliados en la región: un país que se desarrollaba negándose a servir los intereses liberales que dominaban esa época. La civilización llegaba de Europa. Y para hacerle espacio, lo que tuviera signos locales tenía que desaparecer.

   Cinco años duró la guerra. Murieron muchas personas y se endeudaron las tres economías involucradas en la guerra. Mitre perdió popularidad en el país porque, salvo en Buenos Aires, la guerra era considerada injusta. José Hernández dice sobre la misma: “en nombre de la independencia habéis conspirado contra la independencia de un pueblo” y más adelante dice, “cómo puede llamarse guerra de regeneración para el Paraguay la que estamos sustentando, arrebatando palmo a palmo el territorio y pasando adelante sólo sobre los cadáveres de sus defensores”.

   Cinco años de guerra fueron necesarios para destruir la independencia del Paraguay. Más del 80% de su población fue aniquiliada; le arrebataron 160 mil km2 de territorio; tuvo que pagar altas indemnizaciones a los aliados; le privatizaron sus tierras, industrias y servicios, le dinamitaron los hornos de fundición (raíz de su economía de base); le sacaron el ejército. Dadas estas condiciones, la Banca Inglesa le endeudó su economía para que esta pudiera funcionar tras la guerra. El principal ganador de esta contienda fue el proyecto inglés.     

   Los hechos no están guiados por “el bien” o “el mal”, sino por intereses políticos y económicos. Todo lo que hizo Mitre, su dedicación a escribir la historia de las grandes personalidades, su carrera militar, sus actos como funcionario, su labor como periodista, estuvo atravesado por intereses políticos y económicos liberales y por su alianza con los intereses británicos. Creía que de esa forma se desarrollaba el país, o mejor dicho, él y quienes lo apoyaban, confundieron la prosperidad económica de una elite “civilizada” en Buenos Aires con el destino nacional.        

   El diario La Nación todavía publica las notas que Mitre escribió. Todavía sirven para analizar los hechos más actuales. Y la Mitre es la calle que invita a los turistas, principalmente europeos, a comprar, a consumir, a sentirse cómodos, para que vuelvan.    

   Una calle con el nombre bien puesto. Otro homenaje a un hombre cuyo proyecto político consistió en “crear” América a imagen y semejanza de Europa. 

 

 

 

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