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“Una Ciudad con rejas de caña”
Ledesma, Departamento de la Provincia
de Jujuy, epicentro histórico del desamparo, la desidia, y la impunidad.
Pero también de tangibles resistencias.
Con apenas un suspiro podemos sentir la
asfixia. Con apenas una mirada podemos ver lo mismo que si cerramos los
ojos.
Por Luciana Gomez
El aire enrarecido, denso, irrespirable. Y
al mirar están allí: las plantaciones de caña de azúcar, la papelera, las
montañas de bagazo enmohecido, el ingenio Ledesma en todas sus indeseables
formas de existir.
Vivir la cotidianidad de Libertador Gral. San Martín, aunque sea por unos
días, es sumergirse en relatos, retacitos de historias, vivencias, que
solidariamente son narradas como a escondidas, en un taxi, en la despensa,
en una esquina, en una mateada; estas palabras, con desesperada necesidad de
ser dichas, van construyendo el contexto histórico, político, social,
económico y cultural que conforma la lucha de ayer y de hoy por los derechos
humanos, la diversidad cultural, la equidad y la justicia.
El conglomerado de formas, mediante las
cuales se fortalece el miedo, la inmovilización y la desesperanza, contra
las que cotidianamente pelean los pobladores de Ledesma, son diversas y
muchas veces están invisibilizadas. Por un lado la represión concreta de
aquellas y aquellos que detentan el “poder represivo”: la policía local, la
gendarmería, la seguridad privada y la encubierta perteneciente a diferentes
fuerzas. La contaminación evidente, palpable, respirable, el desempleo
generalizado, enfatizado a través de la discriminación - si se decide luchar
para cambiar las condiciones de vida-, completan el marco.
Es en este marco que en la semana del
19 al 25 de julio, se llevo a cavo la 15º jornada por los derechos humanos
a 32 años de los
Apagones del Terror suscitados en Libertador General San Martín y Calilegua.
La indignación y las emociones
impulsaron los puños en alto junto al convencido grito de:
“Presentes, Ahora y Siempe”,
en cada paso por rutas y calles, en cada acto.
Recordar es comprometer el cuerpo, retomar la memoria colectiva desde las
palabras dichas, la recreadas, las nuevas y las silenciadas; los Apagones
del terror, ocurridos el 20 de julio de 1976, ,
son el símbolo de la “cooperación”, y complicidad que existió entre el
Estado, las fuerzas represivas y las grandes grupos económicos; en esa noche
la usina de Libertador General San Martín corta el suministro eléctrico, lo
que permitió que policías, gendarmes, militares y capataces de Ledesma
comenzaran a allanar y saquear viviendas, así como también encarcelar
personas, las cuales en muchos casos, hoy forman parte de la larga lista de
desaparecidos y desaparecidas de América latina.
Construir el reflejo del miedo en la
decisión, la opinión, el pensamiento, fue objetivo de tanta aberración, que
en muchos casos condiciona cualquier acto de rebeldía y resistencia ante
otras tantas injusticias que se suscitan cotidianamente.
Esto siempre condiciona aunque no
siempre determina. Es por eso que decenas marchamos por las calles y rutas.
Fueron 8 kilómetros de repudio, cantos, bailes, de lágrimas y risas,
reivindicando el caminar con nuestras banderas, colores, sueños, esperanzas,
que nos humaniza como seres y nos dignifica y fortalece como humanas y
humanos.
Memoria viva, activa, ensordecedora, esas son cualidades que Olga Márquez de
Aredes y muchas, muchos mas han edificado desde su practica militante, su
convicción humana y su acción inclaudicable; nosotras, nosotros, continuamos
con su ejemplo como motor.
La
empresa Ledesma fue cómplice de la dictadura cívico-militar. La noche del
20 de Julio de 1976 (conocida como “la noche del Apagón”) la usina de
Libertador General San Martín (Dpto. de Ledesma. Jujuy) corta el suministro
eléctrico, mientras policías, gendarmes, militares y capataces de Ledesma
comienzan a allanar y saquear viviendas de los pueblos de Lib. Gral. San
Martín y Calilegua.
En
vehículos de la empresa son trasladados más de cuatrocientos trabajadores,
estudiantes y profesionales a los galpones de mantenimiento del ingenio.
Tras varios días y meses de torturas e interrogatorios algunos son
liberados, otros trasladados a cárceles de diferentes provincias y 30
personas continúan desaparecidas. Tres tumbas han sido halladas en Calilegua. |