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Hasta Mañana…
Una historia increíble, que hay que creer…
Diego M.
Galíndez y Tomás V. Richards
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Capítulo 4
Por la tarde, Aldo llega al café de nuevo, saluda al mozo, ve que está el
hombre sentado en la mesa pero no le hace caso y se sienta en la suya.
_ ¿Capuchino…?
_ Obvio…
De repente, escucha al hombre que le habla como si la conversación del día
anterior no se hubiera cortado nunca.
_ Como le decía, yo antes le prestaba más atención al diario… Hace mucho…
Pero no encontraba lo que buscaba… Me di por vencido, aunque nunca perdí las
esperanzas…
_ Mire usté… - dice Aldo, un poco impaciente.
_ Los diarios no traen las respuestas que necesitamos cuando estamos
buscando… sólo se ocupan de distraer a la opinión publica con lo que tengan
de amarillista en el momento… no dan un servicio… se sirven de la masa y la
entretienen para que no puedan ver lo importante…
_ ¡Uy! ¡…pero mire la hora que es! ¡Me matan! - dice Aldo,
exagerando al mirar el reloj - Disculpe…¡Mario! …¿me cobrás?
Cuando sale del bar, el hombre lo mira con dulzura, casi como un abuelo.
Aldo se para a unos metros del bar. Prende
un cigarrillo. Tiene cargo de conciencia por su actitud con el viejo. Habla
solo, parado en la vereda.
_ Qué boludo… ¿Por qué fui tan ordinario con el pobre viejo? Bueno…
tampoco lo putié…”
Se va para la oficina, cuando llega, se encuentra con Hernán que lo recibe.
_ Hola viejo… ¿cómo te portaste estos días que falté…?
_ Hola, Hernán. Bien… tranquilo…
Hernán se acerca para hablarle en voz baja
_ ¿Y con Ale qué tal…?
_ Para el orto… después te cuento tomando un café…
_ ¿Qué cuchichean como dos mariquitas…? – pregunta el Zurdo,
metiéndose en la conversación.
_ Nada, Zurdo… - contesta Aldo en voz baja.
_ ¿Qué?
_ Dije que nada...
_ ¿Qué…? – vuelve a preguntar el Zurdo, que no lo escuchó
porque se distrajo con unos papeles.
_ Que a los sordos les rompo el orto… - retruca Hernán, mientras van
saliendo de la oficina.
_ Gracioso…- dice el gordo, ofendido, mirándolo con odio.
Aldo y Hernán entran al bar. Hernán llama al mozo
_ ¡Mario! ¡Un capuchino y una lágrima…! Dale… contame…
_ Qué querés que te diga… soy un boludo…
_ Eso ya lo sé…
_ No, forro, en serio… Me enganché con esta mina y ahora está todo para
el orto… Primero se entusiasma como yo y ahora le da por el lado de que todo
va muy rápido… Sé que le gusté tanto como ella a mí, pero ahora para mí que
está cagada y no sabe cómo manejar la cosa… O capaz que me equivoco, y en
realidad daba para una historia sin compromisos y yo me embalé…
_ Para mí le gustás… Preguntaba mucho por vos antes de que salieran, le
llamaste la atención…
_ Eso ya lo sé, pero el otro día vino con ese planteo, cojimos después y
quedamos en vernos a los dos días… Cuando faltaban un par de horas me mandó
un mensaje para decirme que lo dejáramos… me re calenté… en realidad conmigo
no con ella… por ser tan transparente digo… Antes de ayer nos juntamos a
tomar algo y a comer. Creí que habíamos llegado a un acuerdo en tratar de
hacer un paso atrás… ir más despacio.
Mientras habla, el viejo que entra al bar, pero Aldo no lo ve.
_ ¿Quién llegó al acuerdo? ¿Ella o vos…?
_ Los dos… Bueno, en realidad, yo di el brazo a torcer… Y de repente sacó
un tema escabroso tras otro… los desaparecidos… el aborto… Básicamente
pensábamos igual pero en algunas cosas no coincidíamos… Entonces me largó a
la cara el hecho de que pensábamos distinto…
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Duele contar los recuerdos…
Alejandra está muy molesta.
_ ¿Ves? Pensamos distinto en muchas cosas… hay muchas cosas que no sé de
vos…
_ ¿Sabes qué? Dejá… mejor pago y nos vamos… lo único que estás haciendo
es buscar una excusa para que yo no te guste… pero la cagada es que te
gusto y no lo podés evitar…
Aldo se levanta y paga la cuenta.
_ Vamos…
Ya afuera Aldo le ofrece el brazo a
Alejandra.
_ Agarrame del brazo… no vaya a ser que la gente se de cuenta de que
somos dos pendejos…
_ Estás enojado…
_ La verdad que sí…
Llegan a la casa de ella y entran, pero se quedan en la planta baja.
_ Lo mejor es que yo desaparezca de tu vida…
_Yo no dije eso…
_ Mirá, Alejandra. Dios quiera que me llames en unas semanas, pero te
pido algo… No me llames porque te gusta hacer el amor conmigo nada más… No
me llames nada más porque te sentís sola… No me llames como amiga… Pero
llamame si después de pensar te decidís a ponerte al hombro todos los miedos
y dudas que tenés y le metemos para adelante… A ver si asumís que te gusto…
Alejandra lo mira con cinismo
_ ¿Siempre tenés la autoestima tan alta?
_ ¿Sabes qué? Sí… Sé que soy un buen tipo. Sé que la gente me quiere. Sé
que no soy del montón. Soy frontal y sincero y no voy a dejar de serlo… Me
gustás y te lo digo, te extraño y te lo digo… Pero no voy a sufrir con una
persona que no sé si en una semana me viene con otra historia por no
bancarse lo que siente…
_ Yo ya te expliqué. No me banco que estemos tan pegados. Necesito tiempo
para extrañarte… Hace un año que estoy sola, no quería engancharme con
nadie… Tengo pocos días libres y no los puedo tener todos para vos… Tengo
una vida, amigos, actividades…
_ Perfecto, pero sólo te digo una cosa… El día que me llames, acordate de
que te voy a hacer el amor como nunca te lo hicieron… Ahora mejor que me
vaya…
_ Sí…
Aldo la provoca
_ ¿Me das un beso con ganas…?
_ No voy a poder…
La besa. Al principio ella se resiste un poco pero después se entusiasma
y se besan con dulzura.
Cuando se separan, ella está un poco molesta pero no puede evitar
sonreír. Se da cuenta de que, él, le demuestra en ese beso lo cierto de todo
lo que le dijo.
_ Andá… pelotudo…
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_ ¿Y después…? – pregunta Hernán.
_ Nada… Antes de entrar a casa le mandé un mensaje de texto… “¿Sabés qué
es lo más gracioso…? Que al final hice lo que vos buscabas, cortarla yo…
Beso y hasta otra vida…”
_ ¿Y?
_ Nada… Me lo contestó ayer… “Yo no quiero que se corte, necesito
pensar...”
_ Y bueno, se ve que está confundida…
Aldo mira alrededor y se encuentra al hombre, en la mesa de al lado, muy
atento a su conversación y sonriente.
_ Che, mirá disimulado atrás tuyo… ese viejo… Hace tres días que se
aparece por donde ando y me mira todo el tiempo…
Hernán se da vuelta para llamar al mozo y aprovecha para mirar al viejo.
Este lo saluda con la cabeza.
_ Boludo… Si parece vos cuando seas viejo…
_ ¿Qué?
_ Nada… que lo vi, y en la primer impresión me pareciste vos de viejo…
_ Mirá que sos pelotudo…
Suena el celular de Hernán y atiende.
_ ¿Hola?... sí… Bueno, dame 15 minutos y llego… No te hagas drama…
_ ¿Cliente?
_ Capaz… Bueno, me voy, después seguimos… Viejo, no te amargues, al menos
sentiste lo que sentiste y no a todo el mundo le pasa… Mirá el lado
positivo, tenés un dulce recuerdo y eso no se da siempre…
_ Lindo consuelo… la puta que te parió…
_ Sí, yo también te quiero… Me voy,... ¿Vas para la oficina?
_ No estoy de humor, me quedo 15 minutos… chau…
_ Chau… no me extrañes… - y dándose vuelta hacia Aldo mientras se
está yendo - Ah! Pagás vos...
Hernán sale, Aldo busca un cigarrillo y escucha esa voz, ya conocida.
_ A veces los lindos recuerdos ayudan a vivir… a seguir adelante…
_ ¿Qué? – pregunta Aldo entre sorprendido y enojado levantando la
cabeza para mirarlo - Eso es lo que hace siempre? … ir a los bares a
escuchar conversaciones ajenas?
_ Disculpe, no se enoje… es que me hace recordar algo…
_ Ta´ bien…
No le da tiempo al hombre a contestar. Se levanta, le hace señas al mozo de
que le deja el importe de los cafés, y sale del bar. Camina por la calle,
metido en sus pensamientos. De golpe, saca su celular y marca un número.
_ ¿Hola, negra? Bien... Nada, saber cómo estás... ¿Yo? Bien... Tirando...
OK, sí, nos vemos...
Corta y se queda pensativo mientras sigue caminando, a ningún lado.
Aldo vuelve al bar. Busca algo con la
mirada. En cuanto ubica al viejo se sienta en la mesa de al lado, un poco
incómodo y con aire de culpable. Es el viejo el primero que habla.
_ Discúlpeme por haber sido tan impertinente. No quise meterme en su
vida. Por favor, perdóneme.
_ Está bien. Pero la verdad es que me pareció una desubicación de su
parte. Tampoco era para que yo reaccionara así, pero la verdad me rompió las
pelotas...
El viejo sigue hablando, un poco emocionado
_ Es que, como le dije, me hacía recordar algo, los escuché sin querer
y... Bueno... Volví atrás en los años...
Hay una pausa incómoda, sin que ninguno diga nada.
El viejo se levanta y se acomoda en la mesa de Aldo
_ Si me deja que le invite un capuchino, puedo contarle una historia que
le va a interesar…
Aldo abre los ojos y pone un gesto de incredulidad, pero no atina a decirle
que no. El viejo empieza.
_ Hace treinta y seis años yo era joven, aunque no mucho, y estaba
enamorado… la única vez… se lo juro… En esa época todo se hacía de corazón…
Todo… Los amigos, la política, los amores… Andrea era mucho más chica que
yo... ¡pero tenía tanto fuego! Estuve varios meses mirándola sin cansarme,
pero nunca me animé a decirle nada… veintidós años era una eternidad para
mí…
_ Es mucha la diferencia de edad…- dice Aldo, con un tono
estúpido, porque la actitud del viejo lo toma por sorpresa.
El viejo sonríe, cabeceando un “sí”
_ Fue ella la que me acorraló en la mesa de un bar y me dijo: “¿Y? ¿Qué
estás esperando? ¿Que yo te bese?” Decía lo que pensaba y lo que sentía… no
le importaba lo que pensaran los demás… era totalmente transparente y estaba
orgullosa de eso. Ni le digo el miedo que eso metía en los setentas… nos la
dábamos de liberados pero seguíamos chapados a la antigua en cuanto a las
mujeres. Yo era su profesor. Filosofía y Letras. Tuvimos una fea discusión
cuando le dije que iba a tomar otra cátedra porque no podía seguir dándole
clases… ¡Hubiera visto cómo se enojó! Después se le pasó, porque igual
compartíamos otras actividades… política, ayudábamos en la escuelita de una
villa… nos preocupaba lo social… aunque más a ella… realmente le dolía lo
que le pasaba al país y a la gente…
Aldo no puede evitar sentirse atrapado con la historia
_ Perdón... ¿En qué año fue todo esto?
El viejo le contesta, como si la estuviera viendo
_ La conocí en el 71, y tuve la suerte de tenerla conmigo hasta el 77.
_ El año en que nací yo…
_ Mire usted que “causalidad” – dice el viejito, remarcando la
palabra.
El viejo sigue, luego de una pausa
_ Como le decía, eran tiempos embromados. Pensar, era un delito; hablar,
un pecado… ¡¿Actuar?! ¡Un sacrilegio! Pero a ella nada la paraba, ni
siquiera cuando quedó embarazada… - “No te canses tanto, negra…” - le decía
yo. Pero ella - “Antes nos preocupábamos por un país para nosotros, ahora
tengo que preocuparme por un país para nuestro bebé…” - me contestaba. Y era
imposible llevarle la contra… Me hacía sentir orgulloso, la verdad. Un día,
nos avisaron que estaban preguntando por ella unos tipos raros en la
facultad. Unos amigos nos dieron hospedaje en su casa, después de que un día
encontramos toda revuelta la nuestra. Ahí decidimos irnos afuera. “No hay
problema - decía ella - es sólo por un tiempo”. Me fuí a acomodar algunos
papeles con un contacto que me conseguía el pasaporte y, cuando volví, mi
negra ya no estaba…”
_ ¿La secuestraron!? ¿Así? ¿Sin más trámite...?
El viejo pareció no escuchar la pregunta absurda.
_ Pero bueno… cuénteme algo de usted, no quiero amargarlo con mis
cuentos…
_ Qué sé yo… ¿Qué quiere que le cuente…?
_ Comparta un poco con este pobre que se abrió con usted… lo que quiera…
¡Espere! ¡Me olvidaba! ¡Mozo...! ¡Un capuchino y un café para mí, por favor!
¿En qué estábamos…?
_ Nada, lo que le dije… nací en el 77. Tengo algunas fotos de mis padres,
pero la verdad es que no los recuerdo mucho. Murieron cuando yo tenía tres
años… un accidente… De ahí en más viví con mi abuela y una tía soltera. Hice
mi secundario, a los ponchazos… Quise estudiar pero a mi abuela no le
gustaba la carrera que elegí. ¡Se puso como loca! “Con eso no vas a comer…
¿Por qué no estudiás medicina o abogacía?” Cosas de vieja… Bueno, empecé
medicina pero no terminé, no era para mí…
_ Bueno… por ahí se preocupaban por usted…
Suena el celular de Aldo.
_ ¿Hola? Sí… en el bar… ¿a qué hora? …Bueno, voy para allá… - se
dirige después al viejo - Disculpe, el trabajo… me tengo que ir… ¿seguro
no quiere plata por el café?
_ ¡Pero si lo invité yo! – dice el viejo con fingida indignación y
una sonrisa.
_ Bueno, gracias y adiós… que tenga suerte…
_ Adiós… y gracias, Fernando…
_ Me llamo Aldo…
_ Encantado… y hasta otra vez… |